"Mi ruana no es su tapete"

Cuentan que un día, después de una fuerte lluvia, un campesino iba con su ruana cuando alguien le pidió que se la quitara y la pusiera sobre el barro para poder pasar sin ensuciarse los zapatos.
Él se negó.
Le insistieron y respondió:
“Mi ruana no es su tapete.”
Y qué frase tan sencilla… y tan de Boyacá.
Porque una ruana no es solo una ruana. Es abrigo, trabajo, camino, campo, familia e identidad. Es eso que llevamos sobre los hombros y que nos recuerda de dónde venimos y quiénes somos.
Pero también nos recuerda algo más:
la libertad se lleva sobre los hombros.
La libertad de decidir, de defender lo propio, de escoger nuestro camino y, sobre todo, de seguir soñando.
Por eso pienso en Raimundo Malagón, también boyacense. Después de casi diez años de secuestro, tuvo que reconstruir su vida y recuperar algo esencial: la posibilidad de decidir sobre su propio camino.
Porque la libertad también es eso: volver a caminar, elegir, construir y atreverse a soñar otra vez.
Y ahí se encuentran la ruana y el Teniente Malagón, dos historias profundamente boyacenses:
hay cosas que no se pisan, porque están hechas para llevarnos hacia adelante.
-La dignidad.
-La libertad.
-La capacidad de decidir.
-El derecho a proteger lo que amamos.
-Y el orgullo de ser boyacense.
Podemos ser humildes sin dejarnos pisar.
Podemos servir sin perder nuestra dignidad.
Podemos caer y volver a levantarnos.
Hoy celebramos lo que significa ser boyacense: nuestra gente, nuestras montañas, nuestros campos y nuestras historias.
Celebramos la libertad de decidir quiénes somos, proteger lo nuestro y seguir soñando.
"Mi ruana no es su tapete".
Es lo que llevo sobre los hombros:
mi identidad, mi dignidad y mi libertad




